1.700 gr

Llegaste una mañana de domingo, todavía lo recuerdo bien. Tus preguntas acertadas, tu aspecto de buena persona y tu voz musical me hicieron intuir que estábamos ante la persona correcta. Todavía a veces me pregunto si me equivoqué.
Con el pasar de los días confirmamos la intuición, vislumbrando además ese don que pocas personas tienen de sonreir y agradecer lo vivido, por duro sea.
Pasaron meses hasta que aprendiste a relacionarte con los niños y meterte en nuestra casa, en nuestras vidas y en nuestros corazones. Una vez que estabas dentro, nos reíamos Gemita y yo de tu capacidad de hacer lo que querías y tenernos encantados. Siempre nos pediste ayuda, siempre fuiste clara, te apoyabas en nosotros, nosotros en ti y empezamos a ser uno mas en la familia. Ahora veo claro que el lío en el que estamos lo habría predicho cualquiera que nos hubiera echado las cortas o leído la mano.
Dicen que primero se quiere a una persona para después empatizar con ella. En este caso todo ha ido tan rápido y se ha mezclado tanto que tus problemas son los nuestros, como seguro lo serán las tus alegrías que están por llegar. 
Y una mañana de otoño supimos que te ibas. Tu intuición femenina te avisó de algo extraño y quisiste venir a despedirte. Quisiera contarte que no me atrevo a leer la nota que nos dejaste, que no soy capaz de dormir, que tu recuerdo me asalta casi a cualquier hora. Creo que Gema también fue capaz de intuir los problemas, nunca le pareció una buena idea que te fueras. En vano intentamos convencerte de que no tenía sentido. Ya habría tiempo en primavera, con los vuelos a otro precio y sin necesidad de dejarnos. Sin embargo, sabíamos que tu corazón no soportaba pasar otra navidad en un país ajeno, sin los tuyos, sin ver crecer a tus hijos.
Y hoy me pregunto cómo olvidar que la primera persona que se encariñó con Jaime has sido tú, que me enseñaste a quitarle el chupete a Rodrigo, a manejar a mis hijos con toda la calma del mundo, sin una palabra más alta que otra.
Me digo que la única manera de ayudarte es distanciándonos emocionalmente de ti. Me convenzo de que los años pasan rápido, pero eso mismo me produce más pena. Pasan los años y no cabe si no disfrutarlos.
También me siento responsable de tu pena. No entiendo como podemos hacer esto como sociedad. Ese cinismo del derecho romano, la constitución, la democracia, la monarquía y el hombre libre donde la mayor verdad es que el sudaca está necesitado de dinero y por tanto es presunto culpable. “In dubito pro reo” convertido en “in dubito, mira el origen y si es blanco y de buena familia, pro reo”. En mi prepotencia de europeo de clase acomodada, vivía pensando que esto no era una democracia anglosajona. Y ahí está la justicia para reconciliarme con mi mundo o perder por siempre la esperanza.
Pero no me mal interpretes. El mundo es un lugar maravilloso para compartir, la vida un regalo, levantarme cada mañana un placer irrenunciable y la sociedad el sitio donde nos relacionamos con nuestros amigos, compañeros, padres, hermanos. Lo más grande que tenemos. Y por eso mismo, no me resigno, no nos resignamos, a dejar un minuto de la existencia por vivir, a pensar que la sociedad no es justa.
Más pronto que tarde volveremos a ser libres, a volar alto, a reir. Sea cual sea el resultado, se que miraremos atrás y habrás aprovechado el tiempo. Pronto te recogeremos a la salida, como en las películas. Estaremos nosotros cuatro con los tuyos, te podremos dar un abrazo y seguir viviendo sin que nada empañe tu sonrisa, tu voz, tu dulzura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario