Mi humilde homenaje a los maestros republicanos. Pudieron ser mis abuelos

Quién tuvo la suerte de no trabajar a los 15, de cultivarse a si mismo, aprender las letras, coger un libro y dialogar con los sabios de hace siglos
Quién comprendió que la ignorancia es la tortura del niño y su esclavitud, quien en los años 30 entendió que vivir es más que mendigar, que el patriota es el que enseña, comparte, forma y prepara.
Quién, al otro lado del pueblo, en la versión enseñada vio la subversión, quién en nombre de la patria y sin dudas en sus certezas cortó las flores que se regaban en los colegios. Quien en nombre del orden y la moral perpetuó el desorden inmoral de la desigualdad.
Hoy nos gritan y suplican dar con sus huesos en una tumba, aquellos que soñaron otro mundo, aquellas flores cortadas en la cuneta, marchitadas en una tapia. Y habrá que contar, ordenar, sacar y analizar, el calcio de unos huesos que piden dignidad. Habrá que llorar, rezar, contar al viento el alma y la vida que se va. Sin tendencias,  sin prejuicios ni rencores pero hinchados de pena y de vergüenza, de lágrimas y dolor.
Habrá que saber que tuvimos abuelos y fueron maestros, que nos negaron conocerlos porque en nombre de grandes certezas, el fanatismo cortó las flores que cuidaban, apagó sus luces y borrando la pizarra, de un manotazo helado vació el pupitre.

Me inspiró Pedro Guerra.

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