Qué bonito nombre tienes.
Y vayan dos fotos como muestra.
Mi vida está llena de chapas oxidadas que han guardado un licor único que una vez bebido, para siempre llevo conmigo.
Los ratos pasados con vosotros, mis amigos. Lo que literalmente nos bebimos y las resacas que tuvimos. Las montañas escaladas, las horas entrenando en el antro más guarro y divertido de Alcobendas, las tardes contando chistes y esperando el puto 115 que jamás llegaba, los ratos tontos descifrando ecuaciones y buscando una explicación al mundo, la cara oeste del Naranjo o los amanaceres en una cresta de Pirineos. Los viajes con mis padres y mi hermana, con mis tios, la casa de mis abuelos. Gemita, Rodrigo y Jaime, que cambiaron mi forma de estar en el mundo, que me tienen de risa continua, que me despiertan a las 3 de la mañana y sin saber bien cómo, me hacen feliz.
Son las chapas que aunque se oxiden, aunque no quede en ellas ni rastro de la bebida que un día guardaron, son capaces de escribir la palabra alegría.
Que llegue el 2011, que lo espero ansioso, que juntos nos beberemos lo que nos toque, dulce o amargo, que las chapas sigan escribiendo como hasta hoy, que a los tramposos los pillen, que Pascua y Eufemiano me hagan una receta y que hoy siga siendo siempre todavía.
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