VUELVO A ENTRENAR

Nunca fui particularmente bueno corriendo. Defiendo la teoría de que uno es lo que fue en el patio del colegio y yo nunca fui ni el más rápido ni el más resistente. Bien es cierto que alguna vez rocé la gloria. Todavía recuerdo con nitidez un recreo en el que jugándo al rescate, el equipo contrario había pillado a toda mi clase y quedaba yo como único superviviente. Lo normal habría sido que esos minutos inciertos, en el que tus compañeros cogidos de la mano esperan que les salves, acaben rápido, te pillen y en ese momento pases a ligartela. Pero ese día los astros estaban de mi parte, la vida me sonrió y al aparecer emboscado desde detrás de una pared, driblé al gordo, engañé al tonto y salvé a la clase entera. Imagino que ya tendría 12 o 13 años, pues mi memoria raramente se remonta a edades más tempranas. Puede que lo que ocurrió en realidad fue que las niñas, ya en plena pubertad, obviaran el juego y mis compañeros, atraídos por sus feromonas, se olvidaran de perseguirme mientras yo, siempre ocupado en cansarme hasta perder el aliento, me quedara solo jugando. Tal vez fue así, pero en mi recuerdo salvé a la clase entera y me proclamé héroe nacional de ese recreo.
Ahora sabéis que no estoy acostumbrado a ganar, pues en el patio del recreo nunca fui el más rápido, pero por un motivo que no alcanzo a comprender, tampoco estoy acostumbrado a que me ganen.
Y llegó este domingo y sin ningún entrenamiento decente en las piernas aparecí en la carrera de las empresas. Y me dieron pal pelo todos los compañeros, incluidos los que no osan asomarse a mi vera cuando la cosa se pone seria y alargo la zancada. Podría decir que no me importa, que las carreras están para eso, que salí mal colocado y que he estado lesionado. Pero lo cierto es que tras un rato desanimado, he decidido volver a entrenar.
No se trata de ganar a nadie, pues demasiado paquete soy ya, si no de encontrarme bien corriendo. De sentirme imparable, de ver que el oxigeno entra y sale de mi cuerpo a ritmos desorbitados, de ver que mis piernas vuelan, que mis pies no pisan el suelo y que el mundo se rompe a mi paso.
Cuando uno se encuentra con algún kilo de más, fuera de forma y con pocas ganas de hacer deporte, conviene recordar esa sensación, plantearse un reto y comprometerse con un objetivo. Siempre serán modestos, pues para otra cosa hay que nacer y yo no tuve esa suerte.
Conviente también no olvidar lo que el deporte nos enseña para vivir. Cuando más fuera de forma se está, cuando las cosas no salen o cuando todo se tuerce, es el momento de perseverar, de apretar los dientes, de entrenar, de trabajar en la fe de estar en el buen camino, de planificar, de ser paciente, de perseverar una y otra vez a pesar de la lluvia, del frio, de las comilonas, del imsonio o del dolor. Es el momento de darse cuenta de que no es posible estar siempre en forma, que los días buenos son raros, pero siempre están presentes. Vivir no es fácil, pero la vida es un regalo precioso.

1 comentario:

  1. Objetivos, Pipe, objetivos! Si solo fuera la mitad de buena que tu en perseverancia... pero este anyo, vas a ver!! Sigue escribiendo!

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